1 oct. 2011

El (otro) otoño


Cada otoño exige una manera de otoñecer distinta y única, en función del número de horas de sol y de su incidencia en los cuerpos. Poetas, poetos, poetastros, artistas visuales, totales y demás seres pixelados se ven afectados por ello.

El otoño pasado nos preguntábamos (en realidad, os preguntábamos) cómo otoñecer, qué era eso de otoñecer en una ciudad como esta. Creemos que hemos aprendido un poquito. Al menos, lo hicimos, otoñecimos por fuera y por dentro, por toda la ciudad a todas horas, cargados con una maleta, un reloj antiguo, una percha y muchos puñados de hojas secas. Hubo dulces, tardes/noche de sombreros, maniquíes, luz, niños, bufandas... Sobre todo, hubo poemas. Y construimos una familia.

Aún tenemos las chapas, las castañas, las postales del último otoño... Pero necesitamos otoñecer de otra forma, otoñecer para adentro. Después de hibernar, quedamos en suspenso. sí. Cada otoño conlleva un proceso distinto, pero, al fin y al cabo, la lluvia, las hojas secas y los poemas son los mismos y cuando volvamos...

Esa será ya otra historia... De momento, tenemos una mano que intenta aproximarse a una castaña.


Seguimos aquí. No hemos dejado de estarlo nunca. Y podéis escribirnos (autumneces@gmail.com), sugerirnos una nueva postal, darnos un 'me gusta' de cuando en cuando en Facebook...

Otoñeced mucho. Disfrutad el (otro) otoño.

1 comentario:

Brian Edward Hyde dijo...

Tiempo al tiempo. Crujiente otoño.