9 nov. 2010

El secreto está en la raspa


Era cuestión de tiempo que Otoñeces se lanzase a aprender nuevos oficos. y que, de hacerlo, se propusiera hacerlo como Dios manda, es decir, empezando desde el principio. Nuestro principio fue la hora punta de las 7.15 de la mañana. Siempre estuvimos convencidos de que éramos seres nocturnos, aunque nunca pensamos que de esa manera. Sólo nos faltó ir a la lonja. Luego hubo que mover congeladores, pasar la fregona, algo de lejía para desinfectar la zona... Sin embargo, todo quedó disipado (y cuentan algunos que creyeron atislbar lágrimas de aivio y felicidad plena) porque le equipo funcionaba ya a las 8 de la mañana, es decir, que lo peor había pasado y que estábamos seguros de que no íbamos a tenr complicaciones técnicas 4 horas antes del comienzo del recital. Puro alivio.

De manera que dimos paso a nuetsro lado más creativo y sociable, esto es, que le dimos a la tijera y a nuestra fñabrica peculiar de pescados-raspa-separa-páginas e interactuamos con los tenderos de los puestos cercanos hasta llegar a una verdad universal de la que hicimos partícipe a todo el mercado: castañas de Cataluña, que se pelan con la suñas. todo un mantra.

Nuestra pescadería otoñal lució a base de pescados, pescaditos y poemas de algunos de los poetas del colectivo, entre ellos, las protagonistas del día: Alejandra Vanessa y verónica Moreno, grandes donde las haya. Escuchamos poemas relacionados con la comida. También con la tradición. Hubo alguna colaboración exitosa por parte del público y alguna sorpresilla que nos aportó el toque dulce: esponjitas rosas para todos, por cortesía de Alejandra Vanessa, porque no sería igual escuchar el "Cuento de la esponjita" sin comer esponjitas y sin ver cómo Verónica Moreno hacía como que lloraba por imperativo de Alejandra, que quería una interpretación muy concreta para ilustrar su cuento. Por supuesto, ahí estuvo presente también el "jabón de sosa" de nuetsra Vero.

¿Lo mejor? Las irrupciones de las señoras (en el sentido más convencional de la palabra) para canjear su "Vale por un poema", que habían recibido al efectuar alguna compra por e Mercado, y que respondían con un "Niña, yo de esto no entiendo. dame el que tú quieras. Y también otro pa' mi hermana, que tengo otro vale" cuando se las invitaba a acercarse a la mesa para escoger por sí mismas. Brutal.

Así que regalamos poemas, separa-páginas, risas e ilusión para un sábado por la mañana que no podía haber salido más a pedir de boca. Desde la coordinación de Otoñeces, sólo podemos estar agradecidos a las siempre estupendas Alejandra Vanessa y Verónica Moreno -sangre de nuestra sangre-, a los distintos otoñales que se dejaron caer por allí, por apoyarnos tanto y bañarnos de cariño, y a todos los asistentes, que se agolpaban entre frutas y carne. Mención especial merece Ana Mª, la guardia de seguridad del Mercado, cuya ayuda fue crucial para hacer todo esto -todo este surrealismo poetil otoñal- posible. También los tenderos que nos prestaron delantales y una cabeza de atún -de verdad- sangrante para aportar verosimilitud y olor (Otoñeves apuesta por los sentidos).

Simplemente, recalcar que nos divertimos muchísimo, que ha sido una de las sesiones que más hemos disfrutado desde dentro.

Inauguramos un nuevo concepto: firmar una raspa de pescado. Qué insólito.




Preparativos previos

Nuestra propia oferta: raspitas, poemas y una lustrosa cabeza de atún

Detalles para el público


El backstage: congeladores, agua, cepillos, olor a pescado...

Indumentaria otoñal de sábado por la mañana

Verónica Moreno y Alejandra Vanessa: un mano a mano


Trueque de vales por poemas


Una señora interactuando con Vero


(Fotografías de José G. Obrero)

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